TUNDRA DE ALASKA
La tundra de Alaska tal y como es actualmente podría desaparecer antes de finales de siglo. Dicha desaparición podría tener un profundo impacto en las criaturas que viven y crían en Alaska, entre ellos los osos pardos, lobos, zorros, y muchas especies de aves acuáticas y aves migratorias. Pero quizá el animal más afectado por este cambio sería el caribú, que dependen en gran medida de los líquenes como fuente de alimento.
La tundra, un ecosistema frío, seco y sin árboles, caracterizado una temporada de florecimiento de la vegetación extremadamente corta, está compuesta por capas subyacentes del suelo congelado -conocidas como permafrost- y pastos, juncos, musgos, líquenes, bayas y plantas. De mantenerse el deshielo, y de continuar produciéndose incendios de gran magnitud como los que se han producido recientemente, todo esta vegetación sería sustituida por tierras de arbustos e incluso por bosques boreales.
El aumento de la quema y el deshielo de la tundra también podría tener un impacto general en el planeta, pues podría contribuir al aumento del calentamiento global. Los científicos señalan que enormes cantidades de carbono y, sobre todo, de metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el CO2, están almacenadas en el permafrost subyacente en la mayor parte de la tundra ártica. Si el permafrost se derrite, estos gases serían liberados.
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